La energía que nos rodea

Según el Feng Shui, el dormitorio es el lugar que más se asemeja al útero materno, es el lugar donde muchas mañanas despertamos simulando la primera posición fetal. En el dormitorio transcurre un tercio de la vida humana, por eso necesitamos que nos ayude a equilibrarnos y reponernos, pero en muchas ocasiones, no le damos la importancia que tiene y obviamos que el dormir es uno de los actos más importante para que se regeneren nuestras células.

Cada vez hay más personas que padecen insomnio, que malgastan su energía o vitalidad en contrarrestar desequilibrios provocados por un sueño ineficiente. Tenemos un contaminante invisible que no se ve, no se oye, no se huele, no se toca, no se saborea, pero hay personas que lo sienten consciente o inconscientemente, ya sea por los efectos que provoca en su cuerpo o por una sensación de incomodidad, que en algunos casos provoca dolor de cabeza, insomnio, variaciones en la presión arterial, trastornos de atención y memoria, y en otros casos puede llegar a provocar indirectamente patologías más graves como el cáncer: es la contaminación electromagnética.

Me parece interesante tratar este tema porque parece que en la era de la información, los lugares más sanos son en los que no hay cobertura de móvil y no llega internet inalámbrico.

¿Cuáles son las fuentes de generación de campos electromagnéticos de alta y baja frecuencia? En nuestro entorno torres de media o alta tensión, tendidos de distribución eléctrica o transformadores, antenas de telefonía móvil; en el interior de edificios (viviendas, lugar de trabajo,…) equipos electrónicos,  electrodomésticos (televisores, neveras, lavadoras, microondas…), pequeños transformadores, ordenadores, ascensores, transmisores de radio y televisión, teléfonos inalámbricos, wifi, móviles, bluetooh,…

¿Qué efectos puede tener en el organismo? Según la OMS, del 1 al 3 por ciento de la población muestran electrosensibilidad y sufren síntomas como cansancio, cefalea, mareos, vértigo, sudoración, irritación cutánea, picor,  enrojecimiento de la piel, estrés, taquicardia, hormigueos, insomnio, fatiga, dolor muscular, o cambios del estado de ánimo ante la proximidad habitual de una fuente. En España hay un documental que recoge los conocidos casos de leucemia en niños de un colegio de Valladolid, pero, sin llegar a los casos graves de este reportaje, hay muchos otros efectos más generalizados como el insomnio o no dormir profundamente. En este supuesto, según Mariano Bueno, experto en Geobiología y fundador de la Asociación de Estudios Geobiológicos GEA, los campos  electromagnéticos inhiben la producción de melatonina, hormona activadora de la reparación celular, y eso noche tras noche impide la regeneración de las células, provocando dolores de cabeza, dolencias articulares, disfunciones orgánicas, depresión del sistema inmunitario y a largo plazo, puede derivar en patologías neurodegenerativas, leucemias o tumores.

Cuando dormimos con ondas electromagnéticas a nuestro alrededor nuestro cerebro detecta que hay peligro, deja de crear melatonina y dirige su energía a compensar esa situación. Cualquier radiación electromagnética intensa inhibe la glándula pineal, encargada de segregar melatonina e impide a las células repararse debidamente pudiendo provocar depresión, desánimo, carencia de energía para afrontar situaciones cotidianas en la vida personal o laboral y esto suele tener efectos sobre el desarrollo de nuestro trabajo.

En 2007 se creó el grupo BioIniciative, que cuenta con un portal en internet donde se pueden consultar centenares de estudios científicos publicados, con los efectos de las ondas electromagnéticas en la salud humana.

Además del tiempo que pasamos en casa, también el lugar de trabajo puede ser un foco de este tipo de contaminación; de hecho, aparte del conocido síndrome del edificio enfermo, cada vez hay más enfermedades que están relacionadas, como la Lipotrofia semicircular.

Otro dato interesante es que, a pesar del reconocimiento oficial a nivel internacional del potencial nocivo de la contaminación de baja frecuencia, la legislación vigente en el Estado español, tanto laboral como doméstica, es tan permisiva con los niveles de contaminación eléctrica y magnética que no protege del riesgo del que nos alertan las investigaciones científicas. Actualmente se permiten niveles de hasta 500 microTeslas en entornos laborales y de hasta 100 en los residenciales, mientras que los científicos independientes recomiendan no superar 0,1 microTeslas. En este sentido  cada país establece sus propios límites. Por ejemplo, en emisiones de telefonía móvil la recomendación de la resolución de Salzburgo del año 2000 fija los límites en 0, 001 uW/cm2 (0,06 V/m) al aire libre y de menos de 0,0001 uW/cm2 (0,02 V/m) para exposición a RF en interiores y  en Salzburgo ya han llegado a esos límites, mientras en otros países estamos todavía muy lejos de esos niveles. Según Agustín Bocos, abogado ambientalista en una entrevista publicada en la contra de la Vanguardia afirma “España permite 400 microvatios por centímetro cuadrado. Castilla-La Mancha, 0,1 microvatios; Catalunya, 200. En Nueva Zelanda, el nivel permitido es de 0,01, y en Nueva Gales del Sur, Australia, 0,001. Es como decir que en un lugar se puede ir a 200 kilómetros por hora y en otro a 100.000”.

Desde el ámbito de los recursos humanos nos dedicamos al desarrollo de las personas en cuanto a sus competencias (liderazgo, inteligencia emocional, negociación, gestión del tiempo, planificación,…) sin embargo, las condiciones físicas del entorno de trabajo pueden estar ejerciendo un impacto negativo en el rendimiento y la eficacia de las personas y en su propio desarrollo profesional.

Algunos consejos de los expertos son:

En el dormitorio:

  • Orientar el cabezal de la cama al noreste.
  • Evitar colchones con muelles o soportes metálicos.
  • Evitar cabezales metálicos en la cama.
  • Andar descalzo al llegar a casa después del trabajo.
  • Evitar en las mesillas de noche las radio despertadores eléctricos (utilizar de pilas o batería), teléfonos o equipos electrónicos, así como móviles o cargadores de éstos.
  • La TV de pantalla plana irradia poco, en cambio la de tubo catódico emite radiación hasta cuatro metros atravesando muros, por lo que es posible que ésta llegue de la TV de un vecino.
  • Apagar el wifi por la noche.

En el trabajo:

  • Usar auriculares para el móvil y evitar el pegarlo al cráneo (hoy se sabe que el móvil pegado al cráneo durante más de diez años duplica las posibilidades de desarrollar un tumor cerebral y equivale a fumar durante 20 años un paquete diario de cigarrillos).
  • Usar materiales nobles en mesas y sillas, como la madera.
  • Asegurar la conexión a una toma de tierra.

Otros enlaces:

Campaña “Escuelas sin Wifi”: http://actuable.es/peticiones/peticinn-publica-retirar-wifi-las-escuelas-durante-el

Manifiesto de la plataforma estatal contra la contaminación electromagnética: http://www.geobiologia.org/gea/mencem/60-cemaf/101-notadeprensaplataformaestatal

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