Corazón que siente, ojos que ven II

Continuando con el post de la semana anterior, mi compañero de Eneagrama y amigo Juan nos ofrece la segunda parte del excelente resumen del libro “Corazón que siente, ojos que ven”  ¡espero que os guste tanto como a mi!

Ser austero es aplicar el valor de la sobriedad haciendo un uso sostenible de los recursos disponibles. Saber cuándo se dispone de lo suficiente es la verdadera riqueza. La sencillez es directamente proporcional a la sabiduría.

Quienes eluden la acción encuentran siempre mil excusas para justificarlo, pero los que se consagran a ella acaban encontrando los medios.

Imaginar requiere flexibilidad, es una forma de visualizar mejores realidades y una competencia de la inteligencia que nos hace anticiparnos y crear el futuro.

El silencio es la mejor forma de comunicación, ya que no es fruto del vacío ni del desinterés sino de la plenitud y la atención. La contemplación y la meditación son un descanso para la mente, la vacían de excesos e interferencias, la devuelven a su línea base de equilibrio en mínimo consumo, y nos cargan de energía.

Descansar no consiste en no hacer nada sino centrarse en una sola tarea, cuando lo que hacemos es algo que nos interesa y motiva podemos entrar en un estado de flujo que elimina el peso del tiempo, que nos reconecta con nosotros/as mismo/as y coloca cada pieza en el lugar adecuado: la esencia del Zen.

Nuestra vida puede ser una conquista de los mundos interior y exterior, para ello es esencial crear puentes que comuniquen y nutran ambos espacios: la aventura siempre debe seguir a la visión.

Aprendemos por ensayo y error qué caminos son los mejores, porque nos abren, y cuáles nos llevan a un callejón sin salida.

La Naturaleza no tiene fronteras, sólo son el fruto de nuestros miedos y nuestra ignorancia.

El filtro de la creencia nos permite hallar indicios a nuestro alrededor que la confirman, y desechar todo lo que la pueda desmentir: así persevera.

La capacidad de disentir con respeto, es una buena señal de crecimiento personal, madurar supone activar el pensamiento crítico.

La flexibilidad es una muestra de inteligencia y una gran estrategia para preservar nuestra integridad y coherencia.

Nada existe de manera independiente, ni los átomos, ni las personas, ni las culturas, y cuando lo comprendemos, brota de nosotros/as la compasión universal que nos lleva a actuar de forma altruista: nuestro bienestar y nuestro sufrimiento está directamente relacionado con el de los demás.

Hay 5 estrategias que pueden aplicarse para conseguir entornos psicoecoafectivos mejores:

1) Confiar en los demás, y tratarlos como si ya fueran su mejor versión.

2) Ser humilde y enseñar a los demás a descubrir su riqueza en lugar de mostrarles la nuestra.

3) Preparar el corazón.

4) Actuar de forma compasiva, activar nuestra empatía y guiarnos con el amor.

5) Vivir en “verdad”, ser honestos y construir relaciones libres y responsables.

Los grandes maestros lo son porque transmiten coherencia, dignidad y verdad; los demás nos influyen y nos transfieren lo mejor y lo peor de sí mismos.

No podemos ser tiernos cuando no tenemos en cuenta, por falta de paciencia, que cada persona es diferente en su ritmo y tempo para hacer, para pensar, para sentir y expresar, y alejados de la ternura nos perdemos lo mejor de la vida.

En la vida la perfección también se alcanza no sólo cuando ya no hay nada que añadir, sino cuando ya no hay nada que suprimir: lo que queda es la esencia.

Maduramos cuando nos convertimos en una autoridad para nuestras propias vidas.

Lo más importante es intangible, no cuesta dinero pero requiere mucho cuidado e inversión de energía amorosa.

Envejecemos por el simple hecho de vivir, decaemos cuando perdemos el interés por hacerlo.

El sufrimiento no es bueno ni malo, pero puede ser útil o inútil si se convierte o no en un camino de crecimiento personal.

Si queremos vivir en paz es preciso incorporar la compasión, la generosidad y la solidaridad en nuestro equipaje vital, y añadir una buena dosis de benevolencia para reconciliarnos con nuestros sueños no cumplidos, con los conflictos no resueltos, con los errores no corregidos o con las oportunidades perdidas.

Somos bastante incompetentes con los moribundos, la tristeza por la inminente muerte de un ser querido no es incompatible con sentir y manifestar gratitud por el don que ha sido su paso por nuestra vida.

Para abrazar nuestra vida es esencial vivir con los sentidos físicos atentos y con los dos sentidos restantes activados: el sentido común y el sentido del humor.

Vivimos la vida hacia delante, pero la comprendemos hacia atrás.

Si nos vemos como parte de un gran todo, como una continuidad en el extenso tejido de la humanidad, podremos dar un sentido a nuestra existencia y vivirla con alegría hasta el final. 

Gracias Juan por tu amor, sencillez y generosidad.

 

 

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3 respuestas a Corazón que siente, ojos que ven II

  1. Sergi Alonso dijo:

    Juan Antonio, gracias por este estupendo resumen, creo que tienes que plantearte escribir un blog. Quiero felicitar también a Maica por su excelente blog!!

    Gracias a los dos!! :)

  2. Pingback: Bitacoras.com

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